Artista Plástico, Muralista, pintor de caballete y escultor, oriundo de Irapuato, Guanajuato.

Digno heredero de las tres generaciones de muralistas que le precedieron

Su vena creativa también ha incluido el trabajo de ilustración, dibujo y litografía, pero ha sido en el mural donde ha desarrollado su obra más significativa.

Acerca de

Salvador Almaraz López

"Ha presentado numerosas exposiciones individuales y colectivas en su estado natal, en la ciudad de México y en otras entidades de nuestro país, así como en Cuba y Chile."

El pintor y muralista nace el 18 de noviembre de 1930, en la ciudad de Irapuato, Guanajuato y Fallece el 11 de Marzo de año 2022 en la misma ciudad.

Salvador Almaraz fue uno de esos artistas que poseen habilidades innatas para la expresión artística, es decir la escultura, el dibujo, la pintura y dentro de los géneros pictóricos, el retrato, del que hay estupendos ejemplos dentro de su producción mural y de caballete.

Tomó cursos por correspondencia en una academia privada de la ciudad de México para aprender a dibujar caricaturas. Almaraz prácticamente es autodidacta, ya que a los 20 años asistió a la Academia de San Carlos para copiar esculturas de Miguel Ángel, motivo por el cual las personas lo criticaban.

Se inició en el arte en su natal Irapuato. Por recomendación de su padre frecuentó el taller de su paisano el pintor de iglesias José Dolores Aguilera, quien le enseñó a dibujar y pintar al óleo. Fue su alumno y ayudante, durante tres años asistió a los cursos de Aguilera, aunque no de manera constante.

Al fallecer su padre, Almaraz se mudó a la ciudad de México en 1948. Al mismo tiempo que estudiaba pintura, aprendió el oficio de talla en madera, ya que tenía que elaborar muebles para contribuir a la manutención familiar.

Tiempo después conoció a José L. Gutiérrez, compañero de David Alfaro Siqueiros, y con quien el chihuahuense había compartido desde 1936 en el Siqueiros experimental Workshop, en Nueva York. Años después Siqueiros promovió la fundación del Taller de Ensaye de Materiales Plásticos y Pintura en el Instituto Politécnico Nacional convirtiéndose Gutiérrez en su director.

Gutiérrez asesoró al joven Almaraz en lo referente a las técnicas, mientras que Adolfo Best Maugard le daba consejos en cuanto a la composición, los colores, las formas, la perspectiva.

Sin embargo, a quien Almaraz reconoce como su mentor es al pintor muralista y escultor jalisciense Jorge González Camarena, de quien además fue su ayudante en los murales de la Cámara de Senadores y en los de la Casa del Arte en la Universidad de Concepción, en Chile.

González Camarena había visto pintar a Almaraz en el Rancho del Artista, donde, como muchos, era un asiduo asistente y desde entonces lo convirtió en su ayudante. Cabe añadir que el Rancho, situado en un extenso predio en Avenida Coyoacán, era un restaurante y centro cultural propiedad de Francisco Cornejo, también pintor y condiscípulo de Diego Rivera, Gerardo Murillo y Adolfo Best Maugard en la Academia de San Carlos. El Rancho del Artista era el sitio de moda que frecuentaban estrellas de cine, músicos, cantantes, escritores, intelectuales y, desde luego, artistas plásticos.

Almaraz realizó sus primeros cuatro tableros (aproximadamente 24 m2) al óleo y al temple en uno de los salones del Rancho, mismos que como lo de los demás artistas fueron destruidos al desaparecer el inmueble. La actriz Estela Inda fue la “madrina” en la inauguración de los murales de Almaraz, según consta en una fotografía en la que aparece el pintor, la actriz y detrás de ellos una de las obras.

A finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, Almaraz con otros siete jóvenes artistas montaron en una casa antigua el taller llamado La Luciérnaga. 15 pintores llegaron a frecuentar ese espacio creativo, situado en la calle de Lucerna en la Zona Rosa. Lo llamaron La Luciérnaga porque este coleóptero posee la capacidad de emitir luz propia y ellos pretendían ofrecer lo mismo a través de su creación plástica.

La producción monumental de Salvador Almaraz se inició en 1953 en el Rancho del Artista y aún continúa realizando murales. Las técnicas que más ha utilizado son el óleo, el fresco, acrílicos y mosaicos con piedras naturales. Sus murales se localizan por diversos lugares de México: en el Distrito Federal, en Irapuato, Guanajuato, en Saltillo, Coahuila, en Jalapa y Tuxpan, Veracruz, y en el extranjero, en Concepción, Chile, y en varias ciudades de Cuba.

Después de sus pinturas monumentales en el Rancho del Artista, realizó, a la vinilita, en 1954, la Alegoría del vino, en un bar de la residencia de un general del ejército mexicano, en el Pedregal de San Ángel. La alegoría, en un lenguaje claro, nos muestra dos mujeres desnudas cuyos cuerpos producen una transparencia o sombra que representa las distorsiones que el alcohol produce en el cerebro, que conducen a una espiral de alucinaciones, absurdos o confusiones de la realidad.

En 1955 pintó al temple, en otra casa del Pedregal, el mural La danza moderna, en el que vemos al joven Almaraz que influenciado por su maestro González Camarena retrata a una mujer desnuda cuyo rostro recuerda a La Patria del jalisciense, y a la mujer, desnuda y pétrea, lleva en la cabeza una corona de flores y una faldaabanico prismática, cuyo diseño presenta estrellas y que al extenderla, sus pliegues o tablones dan la impresión de movimiento y ritmo, aludiendo así al baile.

En 1960-1963 pintó Las apariciones guadalupanas y Alegorías. Acrílicos y técnica mixta, de 412 metros cuadrados, para la iglesia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, en la colonia Narvarte, en el D. F. A Fernando Leal también lo había conocido en el Rancho del Artista. Leal se convirtió en un referente para su obra religiosa. Lo buscó para que le acilitara documentación para realizar esta pintura, puesto que Leal ya había pintado al ahora san Juan Diego y a la Virgen del  epeyac en la iglesia del Pocito en la antigua Villa de Guadalupe. Al respecto, comenta Almaraz: “entonces Leal me permitió reproducir a Juan Diego con la Virgen en mi mural en la iglesia de la colonia Narvarte. Realice una versión de las cuatro apariciones basándome en la documentación que él me prestó”.

Entre 1968-1969 pintó Las libertades, en el Palacio Municipal de su natal Irapuato. Tres secciones del mural tratan sobre la historia de México desde la época prehispánica hasta la revolución de 1910, y la cuarta parte alude a la historia regional, sobre todo la que corresponde a Irapuato.

En los años 70, Almaraz realizó en Cuba obras monumentales empleando la técnica de mosaicos, en donde, para hacer frente a las condiciones de la isla, tuvo que inventar su propia fórmula. Decoró aulas, fachadas de escuelas primarias y muros exteriores, afirma que estas obras recuerdan a su amigo Juan O’Gorman y de quien le hubiese gustado aprender más desde el punto de vista técnico. Realizó seis murales en sendos centros escolares rurales, ayudado por los estudiantes de esas escuelas.

A su regreso de Cuba, Almaraz recibió numerosas críticas y oposiciones de pintores comunistas y no comunistas, quienes lo recibieron con enojo y desplantes, por haber decorado esos centros escolares en la isla, sin ser un artista “abiertamente” comunista. El caso más conocido fue el de Mario Orozco Rivera, discípulo de Siqueiros.

El mural representa personajes de episodios emblemáticos de la historia de ambos países, divididos en cinco grandes secciones. En el centro, en el primer plano, aparecen dos manos que se saludan vigorosamente representando así las estrechas relaciones bilaterales de ambos países, teniendo al sol detrás como símbolo de las bondades y frutos que pueden derivarse de esa relación solidaria. En el segundo plano dos mujeres, una india y otra negra, que representan las patrias cubana y mexicana se miran de frente, en el fondo un tercer rostro femenino que simboliza el mestizaje nos recuerda que esa es la historia de América Latina, representada por numerosas banderas en el fondo, sobre las que sobresalen la mexicana y la cubana, y los escudos nacionales de ambos países.

En 1979, Almaraz, pintó con acrílicos La síntesis de la historia de Coahuila, en el Palacio de Gobierno en la capital de ese estado, por encargó del entonces gobernador coahuilense, el profesor Oscar Flores Tapia, de quien plasmó su retrato de perfil en el extremo sur del mural y como lo hace constar en la cartela que registra la comisión de la obra.

Dos años más tarde decoró con acrílicos también, el nuevo Palacio de Justicia, en Saltillo, con el tema Alegorías de la justicia. Representó los vicios, las injusticias y las desigualdades en el ejercicio e impartición de la justicia. Muestra por una lado las virtudes que la rodean: equidad, ley, paz, y por el otro los vicios: envidia, adulación, calumnia, indolencia y corrupción. A la justicia la representa con los ojos vendados, como ya la habían pintado José Clemente Orozco (en el Antiguo Colegio de San Ildefonso) y Pablo O’Higgins (en los frescos de los Talleres Gráficos de la Nación).

Una espada atraviesa horizontalmente la cabeza de la mujer que representa la justicia, mientras que las balanzas aparecen vacías. Una mujer sobrepuesta a la
justicia representa a la patria, madre de los mexicanos, mancillada por todos los vicios e injusticias que en forma de espadas atraviesan los cuerpos de hombres,
mujeres, ancianos o niños que claman por su protección y su justo ejercicio.

Ha cosechado varios reconocimientos por su obra y por su labor realizada en pro del arte y la cultura, entre ellos destacan: la mención honorífica en el Concurso Nacional de Pintura de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio en el Auditorio Nacional; el Pergamino de Ciudadano Distinguido de Irapuato; en 1998 la presea Premio Estatal de Artes Diego Rivera del Congreso del Estado de Guanajuato; y el Premio Vasco de Quiroga de Plata de Irapuato; el Laurel de Oro a la Calidad en el 2004. Y en el marco de este Primer Encuentro de Pintura Mural 2008, las autoridades de cultura de su estado natal lo celebraron con un reconocimiento por su destacada trayectoria y contribución al arte mexicano y de su estado, rindiéndole un pequeño pero sentido homenaje a otro de los grandes artistas guanajuatenses, quien junto con sus paisanos Diego Rivera y José Chávez Morado (del que el 4 de enero de 2009 se celebrará el centenario de su acimiento), han puesto en alto el nombre de su tierra natal.

Es de justicia reconocer a un artista que ha reivindicado el oficio de pintor con el trabajo constante, profesional y comprometido, pues como es por todos sabidos, la pintura mural no es justamente pagada y los artistas la realizan porque desean dejar huella de su trabajo creativo, pero también para establecer una mejor y mayor comunicación con los espectadores, el pueblo, su comunidad, ya que como afirmó Almaraz sobre la decoración de murales: “es una aventura realmente, el mural no es negocio, el mural es una cosa que a mi nada más por la satisfacción de realizarlo, adquieren ciertos lazos con la gente que lo rodea a uno a través de la realización de un mural y ahí surgen cuadros, paisajes y retratos sobre todo”.fue

Reconocimientos

Durante su larga trayectoria el maestro almaraz ha recibido una gran cantidad de reconocimientos, a continuación se muestran algunos de ellos: